El pasado fin de semana “hice migas” con mi amigo del colegio, Andrés, y su novia, Sara.
Hacer migas (o buenas migas) coloquialmente significa “entenderse bien, llevarse bien”. Aparte de ésto, tambien “hicimos migas” en el sentido literal.

Las “Migas” se preparan con el pan duro que ha sobrado del día anterior o anteriores. Ya sabeis que en España es normal comer con pan de acompañamiento en las comidas, yo nunca como pan, y eso que soy la española, pero mi amigo Ivan, boliviano él, compra pan cada vez que come en casa, al final siempre sobra… Entonces, como diría mi amigo Hiro, “Mottainai… Obake!” , que es algo que se ha inventado él para decirnos que si desperdiciamos la comida, un fantasma nos perseguirá (o algo asi). Por eso, y porque hay crisis, no podemos tirar el pan que no nos comemos.
En la próxima entrada voy a poner la receta. Sólo se necesita pan duro, ajos, aceite (si es de oliva mejor) y lo que le querais echar, nosotros le echamos panceta y chorizo (siempre pensando en nuestra linea). También usamos pimentón dulce, pero ésto tambien es opcional. Las hicimos al estilo toledano, ya que Sara es de Allí, más concretamente de Talavera de la Reina. Según que ciudad o pueblo, se hace de una forma u otra. Por ejemplo, mi abuelita, que en paz descanse, era de Extremadura y sólo freía las migas de pan con ajo, y luego nos las tomábamos con café (yo leche que era pequeña). Pero hay mil combinaciones: con huevos fritos, con sardinas, con aceitunas, con carne, con uvas, incluso con chocolate… Seguro que a vosotros se os ocurren más.
Javier, es muy facil de hacer y seguro que lo puedes hacer en Japón
Cuando se dice que alguien está “empanao” (no hablo de comida esta vez), quiere decir que está atontado, despistado, etc. Pues asi estabamos nosotros, Kristian, Iván, Monica y yo, los primeros días en Japón, no sé si por el jetlag, el calor, o por pasar mucho tiempo en el onsen pero ésto es lo que nos pasó cuando tomamos el tren.
Llegamos a Nagoya a las 9 de la mañana, el calor húmedo nos golpeó en la cara nada más salir del avión, tomamos el tren, entramos en un vagón cualquiera y nos sentamos en unos asientos que no nos correspondían (sin querer). El vagón iba casi vacío pero una señora llegó y se sentó al lado de Iván (le habrá caido bien, pensamos) . Después, entró un señor y empezó a dar vueltas por el vagón y a mirar mucho a Kristian, que extraño! Al rato llegó el revisor y nos explicó que el asiento de Kristian estaba reservado para ese señor, de hecho todo el vagón estaba reservado. El pobre señor no se atrevió a decirnos nada! A partir de entonces nos fijamos siempre en el letrero de “Reserved” antes de subir al tren. Que verguenza pasamos.
Unos días después, estabamos en Kyoto, otra vez con la “empanada mental” que no caracteriza, tomamos el shinkansen para ir a Osaka y nos subimos al Nozomi, que es el más rápido y el único de los trenes bala que no podemos utilizar con JR pass. Nos cayó una buena bronca (menos mal que sólo fue una bronca), lo bueno es que llegamos en 10 minutos. Otra vez que verguenza.
Como el karma no perdona, el día que fuimos a Hiroshima desde Osaka, tomamos el Kodama, que para en mil estaciones y tardamos unas cuatro horas en llegar. A la vuelta tomamos el Hikari, con muchas menos paradas, y tardamos sólo dos horitas. Definitivamente comprendimos que el Hikari siempre es la mejor opción.




