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Un plato tan típico y tan delicioso merecía tener su día, no? No es broma, el día de la tortilla existe y se celebra en varios municipios españoles, en diferentes fechas. Hoy en especial, se celebra en una localidad donde he vivido algo más de 10 años, donde terminé el colegio y fui al instituto. Esta localidad se llama Mejorada del Campo.
Recuerdo ese día, llendo al campo con todos los niños de mi barrio y sus madres, poniendo las mantas en el suelo, y mientras nosotros jugábamos, ellas empezaban a sacar tuppers con ensaladas, pimientos fritos y, como no, tortilla y más tortilla, algunas con cebolla, otras sin cebolla, unas más cuajadas que otras, para todos los gustos! Y refrescos de todos loss sabores, incluso habia gente que llevaba bizcocho para el postre.
Cuando comenzamos a ir al instituto, nos daba verguenza ir con nuestras madres, asi que nos ibamos lo más lejos posible, cuantos más, mejor, cambiando toda esa variedad de comida por un bocadillo de tortilla y un radiocasette.
Ahora, siento un poco de nostalgia y me he traido mi tortilla para comérmela en la oficina
Que aproveche!
Todas las mañanas me toca coger el metro, la verdad es que es tan aburrido que no me queda más remedio que observar a la gente cuando no tengo nada para leer, o no tengo mi ipod.
Esta mañana, entre la multitud, entró una chica de unos veintitantos años, vestida con la ropa de trabajo normal para una oficina (falda, chaqueta, tacones, etc.). Cuando el vagón se despejó un poco, se sentó en los asientos de enfrente de donde yo estaba, ésto seria lo más normal del mundo si no fuera porque cuando se sentó, lo hizo de una forma muy “masculina”. Normalmente, las chicas cuando llevamos falda, sobretodo si es por encima de las rodillas o más corta, cruzamos las piernas, pero ella… Bueno, yo no me imaginaba que cuando se iba a sentar, lo iba a hacer con las piernas sin cruzar y lo suficientemente separadas para verle su ropa interior, -esta chica no esta acostumbrada a llevar falda- pensé. Sé que no es de mi incumbencia pero quería decirle algo o hacerle un gesto… Al final me dío verguenza y no le dije nada, también pensaba que si alguien me lo dijera a mí me moriría de la verguenza, a lo mejor hice mal… Lo que es seguro es que mañana me llevo un libro sin falta.

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Pues a mi sabe a “tenmusu” y “tebasaki”, que son las dos comidas típicas que pude probar en el poquito tiempo que estuve en esta ciudad y, son las que me recomendó un amigo.

“Tenmusu” es onigiri, o bola de arroz, relleno de ebi tenpura, o tenpura de gamba, y… ¿Por que no se llama tenpura oniguiri? Pues no lo sé. Pero como me explicó mi amiga Aiko, “ten” viene de tenpura (obviamente) y “musubu”, que significa atar, amarrar, algo parecido al significado de “nigiru”, que es agarrar, moldear. De hecho, a veces al “onigiri” se le llama “omusubi”.
Después de la lección de japonés culinario que acabo de soltar, sigo con la historia, por donde iba?… Ah si! Compramos nuestros onigiris en un puesto de la calle de camino al Castillo (siempre tienen mejor sabor que los del conbini). Además de tenmusu, me compré otro de “unagi” (anguila)… Me encanta la anguila! Las vendedoras eran muy simpaticas y cuando lei ”ebi ten” (en voz alta) me dijeron “sugoi” y chapurreé un poquito de japonés con ellas (es que a mi cuando alguien me dice “sugoi” ya me cae bien de por vida). Despues de reponer fuerzas y hacer un poco de turismo, nos fuimos a Kyoto.

“Tebasaki”, son nada más y nada menos que ¡alitas de pollo! Pues vaya cosa, pensareis… Pues estan deliciosas, tienen un sabor muy especial gracias a la salsa que llevan. Las comimos en Yama-chan, que es una cadena de restaurantes especialistas en este plato. La imagen de este restaurante es un señor, que por comer mucho tebasaki, se le quedo el cuerpo de pollo (no me lo he inventado, lo juro, lo podeis ver aquí, mientras aprendeis la forma de comer las alitas). Ésto es lo que cené la última noche que pasé en Japón, cuando regresamos a Nagoya, ya que a la mañana siguiente tomábamos el avión para Madrid muy tristemente.
Como ya comenté, nuestro viaje comenzó en Nagoya, lo primero que hicimos fue ir a comer, teniamos muchisima hambre, y entramos en el primer restaurante que vimos, un ramen-ya, noodle bar, o restaurante de ramen, como prefieras llamarlo.
En Japón, en cualquier restaurante (o en cualquier local) lo primero que hacen los empleados es recibirte con el saludo de bienvenida “Irasshaimase”, y después te pregutan el número de personas que van a comer “nan mei-sama desu ka”, a lo que tu contestas “hitori”, una persona, “futari”, dos, “sannin”, tres, etc.
Nos sentamos en una mesa grande y rectangular en mitad del pequeño restaurante, junto a más gente. Los noodle bar son restaurantes de comida rapida, es decir, la gente se toma su tazón en menos de 5 minutos y se va, pero yo, aunque haya comido muchas veces, sigo siendo muy, muy, muuuuuuuuuy lenta, y mi compañero de asiento cambiaba… Pues… Perdi la cuenta de las veces.
A ésto hay que sumarle que los japoneses tienen años de experiencia comiendo esta comida y no salpican NADA. Nuestro sitio de la mesa tenia pequeñas gotitas y la camarera nos trajo una cajita de tissues al darse cuenta de la situación.
Y respecto a hacer ruido… Mi madre me daba collejas de pequeña por beberme la sopa de esa manera y ahora me cuesta mucho hacerlo de nuevo ¡como varían las costumbres de un sitio a otro!
Decidi no volver a comer ramen en público por el resto del viaje.
En la próxima entrada, hablaré de la comida típica de Nagoya.
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Foto: Ramen Fuente: Wikipedia.
Algo que me encanta de Japón, aparte de la comida, es la moda.
Me llamó mucho la atención ver a algunos chicos llevando bolso, y no me refiero a la típica bandolera, si no a bolsos de cuero o de diseño que nada tienen que envidiar al de las chicas. Al principio, creía que eran muy caballerosos y que se lo llevaban a su chica, pero luego me di cuenta que las chicas llevaban otro.
He leido que la (carísima) marca francesa Hermés ha sacado el Jypsière 37, “el Birkin Masculino”. Podéis leer sobre ésto en Trendencias y Embelezzia. Me pregunto si los chicos españoles se animarán a llevar un bolso tan mono como éste, de momento a los que he preguntado, me han contestado ¡ni de coña! Estos chicos…

Foto: Jypsière 37 de Hermés. Fuente: Embelezzia
Cuando se dice que alguien está “empanao” (no hablo de comida esta vez), quiere decir que está atontado, despistado, etc. Pues asi estabamos nosotros, Kristian, Iván, Monica y yo, los primeros días en Japón, no sé si por el jetlag, el calor, o por pasar mucho tiempo en el onsen pero ésto es lo que nos pasó cuando tomamos el tren.
Llegamos a Nagoya a las 9 de la mañana, el calor húmedo nos golpeó en la cara nada más salir del avión, tomamos el tren, entramos en un vagón cualquiera y nos sentamos en unos asientos que no nos correspondían (sin querer). El vagón iba casi vacío pero una señora llegó y se sentó al lado de Iván (le habrá caido bien, pensamos) . Después, entró un señor y empezó a dar vueltas por el vagón y a mirar mucho a Kristian, que extraño! Al rato llegó el revisor y nos explicó que el asiento de Kristian estaba reservado para ese señor, de hecho todo el vagón estaba reservado. El pobre señor no se atrevió a decirnos nada! A partir de entonces nos fijamos siempre en el letrero de “Reserved” antes de subir al tren. Que verguenza pasamos.
Unos días después, estabamos en Kyoto, otra vez con la “empanada mental” que no caracteriza, tomamos el shinkansen para ir a Osaka y nos subimos al Nozomi, que es el más rápido y el único de los trenes bala que no podemos utilizar con JR pass. Nos cayó una buena bronca (menos mal que sólo fue una bronca), lo bueno es que llegamos en 10 minutos. Otra vez que verguenza.
Como el karma no perdona, el día que fuimos a Hiroshima desde Osaka, tomamos el Kodama, que para en mil estaciones y tardamos unas cuatro horas en llegar. A la vuelta tomamos el Hikari, con muchas menos paradas, y tardamos sólo dos horitas. Definitivamente comprendimos que el Hikari siempre es la mejor opción.






